

Cuando yo era niño, mi padre, antes de enviudar, antes de los meses que pasó visitando día tras día a mi madre en el sanatorio mental, del que nos referiremos y hablaremos mas tarde ...
Emilia, veinteañera, con la cabeza llena de sueños, estudiante universitaria y alma libre, vive de pronto encadenada a los libros, un trabajo a medio tiempo en la farmacia de la colonia, y en el resto del día, cuidar a su abuelo Jonás.

Por irónico que parezca, a pesar de que a muchos quien los salva del alcoholismo es la religión, a mí la religión me llevó al alcoholismo, es más, para aumentar la ironía … del alcoholismo me sacó el mismísimo Lucifer.
“Se partió en Nicaragua, otro hierro caliente
Con que el Águila daba, su señal a la gente
Se partió en Nicaragua, otra soga con cebo
Con que el Águila ataba, por el cuello al obrero …”
(Silvio Rodríguez. 1979)