Creemos, o nos enseñan a creer, que la caída del Imperio Romano se dio en el año 476 de Nuestra Era, al abdicar su último Emperador, Rómulo Augústulo.
En cierta forma, fue así. Se abandonó el sillón Imperial y Roma fue invadida por visigodos y ostrogodos, quienes la saquearon a conveniencia.

Nadie se dio a la tarea de reconstruir la ciudad o parte de ella, toda referencia al Imperio Romano provenía de Bizancio (Constantinopla) la mitad oriental del Imperio.
En el año 663 d. C., casi dos siglos después, de la estadía del Emperador Julio Nepote en Roma, ocurrió algo extraordinario. Por primera vez, un emperador romano reinante entró en Roma. Constante II llegó desde Constantinopla a una ciudad que ya no era la bulliciosa capital de la antigüedad.
Constante II
Las presiones extraterritoriales consumieron el reinado de Constante, nieto de Heracleo y de su hijo Heracleo Constantino. Organizó los themas del Anatolikon y el Opsikion en Asia Menor contra los árabes, quienes continuaban arrebatando las posesiones imperiales. Sin embargo, su liderazgo militar no tuvo un éxito general: fue derrotado en la batalla de Fénix en 655 y se vio obligado a aceptar tratados de paz en 651 y 659 con el gran general árabe Muawiya.

Tuvo más éxito contra los eslavos, invadiendo Esclavina en 658. Desembarcó en Italia, luchó contra los lombardos, fue el último emperador en visitar Roma, donde confiscó el techo de bronce del Panteón, y se estableció en Sicilia. Al aumentar los impuestos y confiscar los bienes de la iglesia, se hizo impopular entre las élites laicas y eclesiásticas locales, como lo hizo con la Iglesia de Roma cuando declaró la independencia del arzobispo de Rávena.
Constante no logró encontrar un punto de encuentro cristológico entre monofisitas y calcedonios, y exacerbó las tensiones con Occidente con su Typos, que prohibía la discusión sobre energías o voluntades, fundamento de intentos previos de conciliación (monoergetismo y monotelismo). Constante alejó aún más a la Iglesia occidental al arrestar y exiliar al papa en 653.
Su población había descendido de casi 800.000 habitantes a quizás 50.000. Muchos monumentos se encontraban parcialmente en ruinas. Distritos enteros se habían convertido en pastos. Sin embargo, el Foro aún se conservaba. El Coliseo seguía en pie. El palacio Palatino seguía funcionando. Durante doce días, Roma volvió a sentirse imperial por un breve período. Pero la visita terminó de forma polémica, con informes de que monumentos de bronce, incluso partes del Panteón, fueron desmantelados y retirados.

Final de Constante II
El 15 de julio de 668, Constante II fue asesinado en sus baños de Siracusa, por su chambelán , ya sea con un cubo o apuñalado con un cuchillo.
Su hijo Constantino lo sucedió como Constantino IV . Una breve usurpación en Sicilia por parte de Mezezius fue rápidamente reprimida por el nuevo emperador.
El historiador Robert G. Hoyland afirma que Muawiya planteó un importante desafío islámico a Constante: «Negar [la divinidad de] Jesús y volverse al Gran Dios a quien adoro, el Dios de nuestro padre Abraham». Conjetura que el recorrido de Muawiya por los sitios cristianos de Jerusalén tenía como objetivo demostrar que era él, y no Constante II, emperador bizantino, era ahora el representante de Dios en la tierra.

Plim, Plam, Plim, Zap !! Sonidos onomatopéyicos pertinentes, dos maletas, portazo, un segundo después ...silencio, fue el último beso, te fuiste. ya no soy yo de ti ni tu de mi.
En aquellas épocas de Radio Femenina de inicio de los 80s, sosteníamos muy seguido pláticas “de cuneta”, o sea sentados en la cuneta, frente al edificio blanco de la Colonia Roma, al salir de los turnos, platicando de todo un poco … siempre temas muy triviales …
Tengo un gato que asumo como amigo, medio loco,
maullando en mi tejado. Jilgueros y gorriones que me anuncian
el amanecer en fa y si bemol respectivamente, aunque el
gorrión desafina cuando amanece de mal humor…