


En la sala de espera del oculista, Gutiérrez comenzaba a desesperarse, era natural en él, el mundo le parecía cada vez más inverosímil y menos tolerable, desde que le habían detectado esa terrible miopía que le socavaba todo contacto con el mundo exterior.

Todavía los países del Sur de América convulsionaban, era la época del caudillismo, la pasión desplegada en los campos de batalla se trasladó a los campos de fútbol, con métodos por lo general menos violentos.

De más está decir que no creo ni en la buena ni en la mala suerte: Si creo que somos la causa de todos nuestros efectos. Lo que equivale a decir, que nosotros mismo producimos la base de hechos para que nos suceda, todo lo que nos sucede …