
Te miro mirándome
y tú sabes perfectamente bien
que miro que me miras cuando te miro.
A Usted
la tengo amarrada a mis anhelos
a mis ganas de sentir
a mi imperante, insustituible, indispensable, caótica y urgente
necesidad de una mínima muestra de afecto ...

A manera de resumen
comunico que estoy
contando cuanto falta para que hoy …
deje de ser hoy …

Me parto en partes, punto y aparte. De un todo sólidamente integrado me convierto en piezas inútiles por si mismas y más inútiles aun a la hora de tratar de rearmarme …
Tengo un gato que asumo como amigo, medio loco,
maullando en mi tejado. Jilgueros y gorriones que me anuncian
el amanecer en fa y si bemol respectivamente, aunque el
gorrión desafina cuando amanece de mal humor…
Tu ausencia de palabras, repuestas en monosílabos, tus breves conversaciones y tus largos silencios eran indicación de algo … y yo ya la veía venir desde lejos

“Mort certa hora incerta” frase que estaba inscrita por lo general en los campanarios de nuestras Iglesias, marca una realidad inexorable: la muerte es una cosa segura, la hora? Esa la decide Dios …

Fue en ese preciso momento, que vi su ombligo … que me di cuenta que hay mil cosas extrañas que suceden con el hoyito ese en la panza … que nadie explica …

O sea, básicamente imagínense una escena así, usted pasa por donde repartidor de periódicos y le dice:
- Me da El Diario de Hoy?