
Me parto en partes, punto y aparte. De un todo sólidamente integrado me convierto en piezas inútiles por si mismas y más inútiles aun a la hora de tratar de rearmarme …
Tengo un gato que asumo como amigo, medio loco,
maullando en mi tejado. Jilgueros y gorriones que me anuncian
el amanecer en fa y si bemol respectivamente, aunque el
gorrión desafina cuando amanece de mal humor…
Tu ausencia de palabras, repuestas en monosílabos, tus breves conversaciones y tus largos silencios eran indicación de algo … y yo ya la veía venir desde lejos
“Un día, todos los elefantes se reunirán para olvidar. Todos, menos uno” (Rafael Courtoise)

Y era lo que solemos llamar … “la novia de todos”, una mujer llena de sueños, cómo explicarlo sin decir la palabra? Realizaba trabajos nocturnos y no precisamente de enfermera en un hospital, alquilaba sus besos y vendía romances en camas de moteles y pensiones…

Era un viernes de lluvia tímida y nubes a nivel de rezongo la noche de ese día

Julián abrió los ojos en redondo cinemascope, ojo de pescado que le llaman, sudando, jadeando, en la cama, voltea a ver a su novia, su prometida, con todo listo para casarse en 9 días … Marcia …

El enamorado, despechado y abandonado, aquel que entregó su vida por amor y espera en vano el regreso de quien se fue, el que masculla versos y canciones sin sentido sin sentido y entabla pláticas con el cielo falso, mira fotos viejas y se pone a llorar …

Mi hija, cuando tenía cinco años creía que el vocablo «guerra» era una mala palabra (de hecho tenía razón, pero no había que confesarlo muy abiertamente, porque era asunto candente …. Nah! lo sigue siendo )