
Augusto, a gusto en Agosto (que todavía no se llamaba como tal sino Sextil, y de eso se trata esa historia), se regodeaba en su reclinatorio en el Palacio Palatino, refrescándose sus imperiales gónadas con hojas de palma que batían esclavos y esclavas númidas (por las dudas, nunca se supo bien para que lado pateaba el tal Octavio Augusto).

Estimado amo:
Hace pocas semanas en este blog, leí la carta que te mandaba el perro,
http://www.danielrucks.com/~danielru/index.php/cuento-breve/284-carta-de-un-guau-guau

Han pasado 61 años. Acababan de ganar, el día 5 de febrero, el partido contra el Estrella Roja de Belgrado , el partido no fue fácil. Habían llegado a Belgrado con tan sólo un gol de ventaja después del partido en casa, lo que no era usual para ese Manchester United.

Algo así … “Ella Empezó a desnudarse lentamente. Vuelto de espaldas, yo alcanzaba a ver tan sólo su oscuro reflejo en la ventana. Pero escuchaba como una música suave el murmullo que hacían, al liberar su cuerpo, sus prendas de polihexametileno adipamídico”.