
La señorita se llamaba Amanda, tenía el pelo largo y recogido en una cola de caballo. Llevaba una mochila pequeña en la espalda. Pasó llorando por el andén izquierdo de la estación del metro, y de las diecisiete personas que cruzó en el camino, doce la escucharon llorar claramente, porque no era un llanto contenido; era un desahogo ... desgarrador.

Querido Baldomero:
Perdóname si no te he escrito antes, pero debo de serte sincero, no he tenido mucho ánimo de tomar el lapicero, ya sabés que escribir con las patas cuesta, aunque hay muchos que han hecho de la escritura de esa manera su forma de vida, se llaman troles y escriben con las “patas” no con el cerebro, pero ese no es el tema …
En realidad, este post, debería llamarse “Las Niñas más valientes del mundo”, porque este flagelo, esta oscura práctica subregistrada de nuestros tiempos, se da a diario, en todas partes de nuestro país a Myanmar, de USA a Camboya, de Inglaterra a Perú …

Han pasado 61 años. Acababan de ganar, el día 5 de febrero, el partido contra el Estrella Roja de Belgrado , el partido no fue fácil. Habían llegado a Belgrado con tan sólo un gol de ventaja después del partido en casa, lo que no era usual para ese Manchester United.

Lo mediático viaja en jet por encima de lo legal, lo legal viaja en trineo impulsado por perros viejos y cansados, el bisturí mediático cercena, investiga y dictamina culpables antes que las leyes lleguen a la primera posta.