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erro 
 
 
 
 
 
 
Yo nunca supe que mi dueño se llamaba Moreira. Me enteré por los periodistas. Y tampoco supe nunca que  estaba muerto. Es mentira que yo sabía. No me voy a andar haciendo, a esta altura, el perro inteligente.
 
Yo sé que si Moreira estaba muerto o si estaba escondido, es cosa de él. Capaz que estaba jugando, capaz que un día salía. Yo no sé que cosa es un muerto.
 
 
 
 
rertyyyyy
 
 
 
 
Yo soy un perro, y los perros entendemos de olores, nada más. No entendemos de muerte, ni de lealtad, ni de todas las idioteces que dice el periodismo sobre mí para llenar dos minutos del noticiero y hacer emocionar a las viejas. Los perros sabemos mucho pero mucho de olores.
 
 
 
Mi dueño, Moreira, tenía un olor dulzón cuando venía contento del trabajo. Y tenía otro olor, áspero, cuando venía triste. Eso es todo lo que sé.
 
 
 
 
 
 
Capwertttttura
 
 
Yo lo podía oler cinco, seis minutos antes de que entrara por la puerta. Nadie lo olía como yo a ese hombre. Si Moreira venía con olor dulzón a contento, yo enseguida agarraba la correa y él me sacaba a pasear. Me hacía mover la cola que parecía una hélice, yo. «Vamos, Capitán», me decía , y yo me meaba.
 
 
Pero si Moreira venía con olor áspero a tristeza, entonces yo me agazapaba atrás de la puerta para hacerle alguna gracia y ponerlo contento. No siempre me salía. A veces me revoleaba una patada y se iba a dormir. Pero otras veces yo conseguía hacerlo reír. Qué sé yo: me perseguía la cola, me masticaba una mosca en el aire, idioteces que hacemos nosotros los perros cuando el dueño viene mal barajado. ¡Ah, lo que se reía ese hombre cuando lo hacía reír!
 
 
 
 
 
Captwqqwqeura
 
 
 
 
 
 
Yo nunca supe que se llamaba Moreira, ni tampoco que se había muerto. 
Y yo me pasé dos noches en el hospital, ahí afuera, Yo miré para ese lado y unos tipos lo iban metiendo en una ambulancia blanca. Y me fui atrás de la ambulancia, al galope. Porque tenía un olor a tristeza, Moreira a resignación, a formol. Y yo tenía que estar con él, yo tenía que ponerlo contento.
 
 
 
 
En una de esas, la ambulancia paró y lo metieron a Moreira en este agujero, y le pusieron tierra encima y después una piedra blanca. Y yo me quedé acá a ver si salía, como cuando me quedaba atrás de la puerta, en casa
 
 
 
 
 
caitan
 
 
 
 
No sé cuánto tiempo me habré quedado acá. Un año, cinco años. Qué sé yo. No somos de contar la fecha los perros, no tenemos ni idea… Además, no es nada del otro mundo hacerle el aguante al dueño.
 
No sé por qué aparecieron los periodistas. Y un día aparecieron los franceses a hacer el documental. Ahí ya se desmadró. Me filmaron sacando pecho, me lavaron el pelo con champú. Me hicieron famoso. 
 
Y desde ahí cada tanto aparecen contingentes de gringos para sacarme fotos, y me dejan carne picada, me dejan chorizo. Me pusieron un collar… Una vez dos japoneses medio que me quisieron llevar con ellos, y le tuve que morder la pierna a uno. 
 
 
 
 
 
 

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