Yo nací y crecí en San Dionisio, Usulután, ahí nomás de la ciudad. En el 75, ahí mismo fui a la escuela y según me cuentan, las cosas ya venían medio torcidas en el país.
Una mañana hubo una especie de simulacro de bombardeo en medio de la guerra civil, en mi escuela. Yo estaba en la primaria, me hice encima de un solo susto abajo de la mesa de pino.
Y eso que solo era simulacro escolar con un cassette y una radiograbadora y sonido de sirenas y bombardeos ...
Ya de grande, no hace mucho, me escribí una carta, a mí mismo, al pasado, que dice así ...
"Escucháme, Héctor, ya podés abrir los ojos y salir de abajo de la mesa, porque nadie va a bombardear tu escuela. Nunca. Este es el último simulacro de ataque aéreo de toda tu vida. Vengo a decirte que la guerra se pierde, en pocos meses, cuando empiece el invierno. Estoy acá, en tu cabeza, para decirte eso. Que no te preocupes. Tengo treinta años más que vos… No te preocupes.
La guerra se termina un día después de que empiece el Mundial de Italia, ahí empiezan a dialogar y firman año y medio después en Chapultepec.
Vas a ver volver a los soldados, todos sucios, volviendo en tren y en bus a San Dionisio, a los guerrilleros también, si todos son de por acá (te va a llevar tu propia escuela para saludarlos). Vas a ver a muchas mamás abrazando a sus hijos.
En la escuela te van a enseñar a que les digas «héroes» a los soldados. Vos deciles así, deciles «héroes», porque les hace bien escucharlo. Pero nunca te olvides de que son víctimas. Tenés la mesa de luz llena de libros de aventuras: ya sabés que un héroe es el que decide ir al peligro.
La guerra se va a terminar, oficialmente, Pero tenés que saber que las guerras nunca se terminan «oficialmente».
Durante años y años y años, la guerra sigue viva en la cabeza del que no puede soportar el recuerdo. ¡Imagináte! Vos ahora estás abajo de un pupitre mientras suenan sirenas falsas, en un pueblo de provincia, sabiendo que es un simulacro, con zapatillas y medias, con casi grados… y nunca te vas a olvidar del susto que te dio ese simulacro.
Imagináte. Multiplicálo por mil…
«La guerra sigue viva en la cabeza del que no puede soportar el recuerdo».
Con todo este desastre, capaz que pensás que tu infancia es medio rara, que de repente vas a vivir en esos países tipo Ucrania, donde hay bombardeos cada tres meses, pero te juro que, después de esto que está pasando ahora en tu escuela, la vida sigue normal.
Vivís en un país donde no va a haber guerras a cada rato. Quedáte tranquilo. De hecho, esta es la última de todas las guerras. Y ni siquiera fue idea nuestra: esta guerra fue por culpa de una sucesión de presidentes lunáticos, asesinos, o borrachos. O todo eso junto a otros intereses.
Aunque de grande te parezca mentira, los gobernantes más horribles fueron los de tu infancia. Mirá que vas a tener presidentes absurdos en el futuro (corruptos, narcisistas, pusilánimes), pero ninguno (por más dundo que sea) va a obligar a un chico de once años a que se meta abajo de una mesa de pino cuando suene una sirena. Ni uno.
Solo para temblores
Y yo, en realidad, me metí en tu cabeza para decirte eso.
Que ya podés abrir los ojos, que ya podés salir de abajo de la mesa ...
La buena noticia es esa: que vas a empezar el bachillerato en democracia. Y aunque ahora no te des cuenta o no te importe, es la mejor noticia del mundo.
Porque la primera vez que te drogues, la primera vez que te emborraches, la primera vez que vayas preso, la primera vez que creas ser comunista, cuando quieras saber que lleva una bomba Molotov, la primera vez que te presten un libro raro, cuando te des cuenta que los hijos de aquel al que te hicieron llamar “héroe” son los que te cobran renta en tu pasaje, cuando se te tiren encima los buses y las rastras ...
Hasta ahi vas a estar en democracia.
Salí tranquilo de ahí abajo Héctor ... estás a salvo. "