
Nunca fui yo
o demasiado yo
siempre fui otros

Llegamos, llegué, llegaste tarde a una vida que era única y exclusivamente nuestra ...
Porque fuimos creados, creado, creada para pertenecernos y nunca para ignorarnos que es una manera muy dolorosa de pertenecerse.

Tengo miedo de los monstruos
los que habitan mi cabeza
se trasladan a la tuya …

Yo debía tener, a lo sumo diez años, pequeño inquisidor, curioso investigador de cualquier cosa que surgiera, en aquellos veranos eternos, cuando todos los primos, en vacaciones escolares, éramos mandados al campo para “endurecer nuestro carácter”.

En aquellos dorados sesentas, cuando la TV todavía era un elemento selectivo, lejos del alcance de nuestros confines proletarios, barrios obreros de mucha gente y pocas esperanzas, donde los sueños siempre quedaban postergados para fin de mes y de ahí para nunca ...

“La nalga, ocupa el 11% del volumen corporal en mujeres, un poco menos en hombres, pero como nunca las vemos de frente, solemos darles la espalda, por eso los demás observan nuestras nalgas, porque pueden verlas de frente.” (Filósofo usuluteco anónimo)

Al cambiar la página
la escena se desvanece
se pierde
se disuelve
hace un “fade” a azul.

Así como arrevesados, transcurren los días en esta capital, y más arrevesados aun en el país entero, arrevesada también, es la propia historia capitalina, y para agregarle un puñado de frijoles más al caldo, las historia de sus festejos patronales …

Yo te di, o al menos intenté darte, todo de mi ... tu me diste nada.

“Mira tuneame el clutch, y chequeamele el disco del breque aquí al señor. Pegale un ring al guachimán, preguntale que si viene con el lonche que ya estoy hungry”.