
Tengo miedo de los monstruos
los que habitan mi cabeza
se trasladan a la tuya …
y mis monstruos
nefastos
nauseabundos
infectos
te hacen llorar …
Tan mujer y tan perfecta
tu único defecto amor
… soy yo
Pero a pesar de mis pesares
quiero pedirte un favor.
Quitame las penas de amor
Despename
Llevate las angustias de mi mente
por favor …
Desangustiame
Quítame las dudas
las más densas
más oscuras
dame un salvoconducto para sonreír
Regalame un poquito de paz …
Desdúdame
Despename
Hasta las hormigas mueren en pareja
juntas, cuando el pie asesino acecha …
Respírame
Dame razones para sentir que vivir
vale la pena
Desdúdame
despójame de incertidumbres …
Por un instante fuimos tu y yo
un segundo nada más …
y me invade la nostalgia Dios !
pero ya no sé llorar …
Empecé a trabajar antes de cumplir 18, por cuello y por necesidad, quería seguir la Universidad y el dinero no alcanzaba en casa para mi futuro, el que me trazaba, como Biólogo Marino (“Biólogo marino? – me decía mi papá – de que vas a trabajar? Limpiando peceras?”).
-
Quien fue ? – Preguntó el papa Augusto con su habitual gesto adusto, ceño fruncido como correspondía al carácter de este italiano, elegido cabeza de la Iglesia Católica en el siglo XIV.

Ya habíamos tratado en “El lado pérfido de Caperucita Roja” http://www.danielrucks.com/index.php/9-maneras/363-el-lado-perfido-de-caperucita-roja las conclusiones del seminario “Sociedad y cuentos de hadas” de la Universidad de Princeton.