Se llamaba Esperanza y no tenía ninguna ... era lo que se llamaba una mujer de todos, clandestina, de esquina,
, cómo explicarlo sin decir la palabra? Realizaba trabajos nocturnos y no precisamente de enfermera en un hospital, alquilaba sus besos y vendía romances en camas de moteles y pensiones…
Que tu me quieras de la manera que yo creo que me quieres y anhelo ser querido,
mientras yo te quiero tanto como jamás soñaste ni imaginaste ser querida ... es
una verdadera antinomia.
"Nadie como yo, en estos siglos dorados, puede llegar a tener, al morir, un cadáver tan atractivo y tan virgen – decía Amparo, ya con tres tequilas entre pecho y espalda en otra noche taciturna de no ver a nadie y hablar con menos gente aún ..."