

La señorita se llamaba Amanda, tenía el pelo largo y recogido en una cola de caballo. Llevaba una mochila pequeña en la espalda. Pasó llorando por el andén izquierdo de la estación del metro, y de las diecisiete personas que cruzó en el camino, doce la escucharon llorar claramente, porque no era un llanto contenido; era un desahogo ... desgarrador.
Cuando oímos tronar en nuestros oídos, cuando percibimos el sonar del estruendo, y nuestros campesinos ven el horizonte, se santiguan y dicen …”Santa Bárbara bendita, aléjanos la tempestad”, cuando empiezan a caer las primeras gotas sobre nuestros confines marginales, donde la lluvia bendita tiene un aura criminal …
Que desaparecen, artículos, personas, expedientes, proyectos de ley, recorridos de caravanas presidenciales, hojas de vuelo de aviones venezolanos …en fin! Son cosas de todos los días …