

Hasta el extremo que lo que me fue quedando de ti fue una
mancha roja, y te fuiste volatilizando, o atomizado, o
metamorfoseando, en sabe la ciencia que extraño fenómeno, que
lo único que alcancé a ver fue una gran aureola roja a lo largo del
pasillo producto de tus entradas y venidas, y ya me fue imposible
distinguir tus rasgos, tus facciones, tus gestos, era como un rayo
catódico de aquellos que nos enseñaban en la escuela primaria que
iba y venía de la puerta de casa al dormitorio y viceversa, debes de haber
superado la velocidad de la luz con tus indecisiones, pienso yo…
No sé… siempre fui medio bruto para esto de la física.
Y esto duró mas de tres días en los que yo fui incapaz de
moverme del sillón de la sala y observar el fenómeno de tu
abandonarme y volver a mi, incesantemente, día y noche, hasta
que la mancha roja se fue reduciendo de tamaño, yo calculo que
era porque la velocidad de tus indecisiones iba en aumento y se
convirtió casi en una huella permanente en el corredor, que yo
sabía que eras tú pero no sabia que hacer para detenerte o retenerte…

Entonces creo que me quedé dormido, y llegó la señora de la
limpieza que viene los martes y sábados, y al ver la mancha roja le
pasó el trapeador encima sin que yo me diera cuenta, que se yo,
confundiéndola con una mancha de pintura o algo así y al despertarme
yo… la mancha que eras tu ya no estaba y le pregunté a la señora y
me dijo “no se preocupe, que es mi trabajo señor” y aquí me quedé
sentado, sin entender nada….
Y lo que es peor sin saber en cual de todas las sucias cloacas y
alcantarillas de esta nauseabunda ciudad
fue a parar,
el secreto
de tu volátil corazón…
O sea, si vos querès saber las cosas tal cual, desde el principio, déjame que te cuente más o menos como fueron los acontecimientos que nos trajeron hasta acá …
Nos sucede, cada de vez en siempre, que nuestra esposa (pareja, novia, con qué) nos sale con aquella frase fatídica que tanto tememos escuchar …