
Me costó trabajo, en serio, me reventé el alma y dejé lo poco que quedaba de mí en el empeño, pero al fin lo conseguí, y después de arduas jornadas de mirar al cielo, logré capturar una nube…
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No puedo prometer serte fiel toda la vida – dijo Margarita, mirando la cara de David, con quien se casaría al día siguiente por lo civil y dos días después por la Iglesia.
Y aquí seguimos compatriotas, y habitantes del mundo entero (menos un par de esos países comunistoides donde siguen pensando que este es un invento de los chinos con USA y bla bla bla) viviendo este domingo eterno, o sea, hoy puede ser domingo y mañana también … ni a misa vamos, no nos damos cuenta!