
Augusto, a gusto en Agosto (que todavía no se llamaba como tal sino Sextil, y de eso se trata esa historia), se regodeaba en su reclinatorio en el Palacio Palatino, refrescándose sus imperiales gónadas con hojas de palma que batían esclavos y esclavas númidas (por las dudas, nunca se supo bien para que lado pateaba el tal Octavio Augusto).



Una civilización creada para crear, para sobrevivir circunstancias, es hoy una de las economías más sólidas y robustas del mundo. Ahora que Akihito, le dejó el Trono del Crisantemo a su hijo Naruhito, volteamos a ver a todos los grandes inventos que nos ha dejado la civilización nipona …