El palo del sacudidor que Eulalia, sirvienta salvadoreña en Texas, menea mientras mueve su frondosa osamenta al ritmo de “La gozadera”, pega con el florero lleno de cardos, que no cae porque se detiene en la esfinge a escala de la Estatua de Libertad que al caer, tuerce el retrato del honorable Archibald Duster Jr. Fundador de la familia cuya barba de chivo queda orientada al suroeste.
A usted probablemente, a diferencia del resto de la humanidad, le importan un rábano los Juegos Olímpicos de Río, el pebetero de espejos y quien chingxxxx es Vanderlei de Lima.

He perdido mi virginidad cibernética, parece que fue ayer cuando, en un afán de hacer nuevos amigos y descubrir eso de las nuevas tecnologías, solté mi primera frase en una red:
Tenía 21 años de edad, cuando con mi grupo de amigos nos fuimos a pasar unas vacaciones a la playa. Íbamos con el Gordo Chute, Gonzalo y el Fer, en el carro de este último.
En mi infancia y adolescencia, si hablamos de “Brujas de la Noche”, una de dos, o alguien estaba deslizando alguna leyenda urbana o cuento de terror o en su defecto, la ubicación de algún cabaret nuevo en la ciudad …

No te puedes ir aun, aun no me has hecho el amor por tercera vez, aun no me besas la boca a lo loco y casi nunca es la boca sabes, es el alma, es la mejilla, es la mirada, es decirte mi nombre y que me digas el tuyo cuando estas adentro de mi.