
“Seré curioso, usted es Salvadoreño verdad? ah si ! No, por nada, claro que parece por sus rasgos un buen compatriota, solo le preguntaba por sus actitudes …

Desde antes de que ella se fuera, Gastón ya sabia que iba a extrañarla pero no se imaginaba como ni cuanto…
Había construido una fortaleza en su casa, un muro perimetral de hierro con cemento la cercaba, arriba de éste alambre de púas electrificado para contener a alguien con la intención de robar, puso el mejor sistema de seguridad con video cámaras incluidas.


Nuestra taza de abortos crece día a día, nuestra falta de conciencia y educación sexual supuestamente nos hace más ignorantes.

“Dios... – me dije – este es el inicio del verdadero infierno.” Noche del 24 de marzo de 1980, cuando por teléfono me comunicaron el asesinato de Monseñor.