
Yo y usted discrepamos totalmente en nuestras formas de pensar, pero oiga … eso no implica que nos vamos a agarrar a patadas por eso, ni a trolearnos en redes y medios como infantes adictos a la masturbación … no?

Mi nombre es Horacio, naaaa …la verdad es que no es Horacio, podría ser Ovidio, Heliogábalo, Marsupial en Celo, digamos Hipólito, lo que ustedes quieran …escribo de incógnito …

Algunos gobiernos conceden Medalla al Valor a héroes de guerra, bomberos aventados y embajadores que pasaron por el país sin robarse nada ni maltratar a sus sirvientes, pero esa medalla, a mi juicio, tiene un único verdadero dueño: aquel prehistórico hombre de las cavernas que se atrevió, a inicios de la Historia, a comerse el primer huevo.
Una luz amarilla está encendida sobre el tablero de control de la nave del gobierno del “Profe”. Claro, esta nave espacial boga a la deriva entre las “Nosepuépedes” y la constelación de “Fracasoláctea” … no hay nada que se pueda hacer, nadie le para bola!

Una hermosa mañana de abril, por una callecita de la ciudad, Lucas se cruzó de frente con la mujer perfecta. Tendría unos treinta años, igual que él. No era particularmente hermosa, ni tenía nada especial, pero a quince metros de distancia supo con certeza que esa mujer era perfecta para él.

Pitágoras Thompson, quien la noche anterior se había ido a dormir, millonario y prolífico, rebosante de salud y joven, altanero y soberbio, amaneció casi en la indigencia, la mañana siguiente.