
Mis queridas y muy emperifolladas señoras, mis queridas amigas que asisten a cuanta recepción les sea posible, más por ser vistas que por el deseo de asistir a estas reuniones.

Aunque no parezca cierto, era una pregunta recurrente de cada uno de mis hijos en sus tiernas edades, cuando sus mentes cándidas no alcanzaban a discernir la verdad, entre toda la fantasía que rodea a la Navidad.
Te extraño, extraño tu presencia
y aprendo objetivamente
a detestar tu ausencia

La culpa de todo esto la tiene este viejo caliente, el Poseidón ese que le mientan, yo creo que de tanto pasar en las aguas del Egeo, con el frío de allá abajo del agua, cuando a uno se le encogen los …

Con un hola pudimos acercarnos,
con timidez honrosa nos dimos la mano