Pequeño cuento, muy poco de terror, en un solo y breve acto … menos mal!
Tengo que comenzar contándoles que me ha ocurrido una desgracia personal, no, no se me ha muerto nadie … pero casi … voy a ir al grano: mi novia y yo nos hemos dejado. Bueno, me ha dejado ella, pero como yo también estaba involucrado en el rollo, debo de decir...
Horacio era mi némesis. Sólo él podía despertar mi odio más visceral, mis impulsos más violentos, mis pensamientos más asesinos. Cuando lo veía mi cuerpo se preparaba para un combate de vida o muerte: mi pulso cardíaco se aceleraba, mi sangre fluía hacia los músculos más grandes para luchar o huir y mis células comenzaban a consumir energía de reserva.
Permítanme que les cuente, algo que me ocurrió de niño, en un San Salvador bisoño, pueblo chico, infierno grande, y que ha marcado mi vida a fuego.
Y escribo “inoxidable” porque parece que en aquellas épocas doradas de la Edad Media, cuando un esposo, caballero, se marchaba muy a las Cruzadas, o sea de París a Jerusalén, seis años de camino y guerra ….