
La distancia marcó tanto pero no lo suficiente,
la ausencia impuso momentos pero no aniquiló
la fuerza vibrante de la pasión,

David se levantó muy temprano para ir al cementerio, ese día limpiaría la tumba de sus padres, pero se le hizo demasiado tarde, llevaba una piocha, un azadón y una botella de agua para realizar su actividad; al llegar, el celador le dijo:

El Vaticano, se ha puesto estricto con la cuestión de las cenizas de nuestros fieles difuntos (no santos difuntos, recuerden que si bien solemos decir “no hay muerto malo” no significa que todos mueran en “olor de santidad”).

Pequeño cuento, muy poco de terror, en un solo y breve acto … menos mal!

Enchibolado Conrado entre recibos pendientes, planillas, chequeras y expedientes, todo de la economía doméstica, tomando la decisión de tin marín de do pingüé para ver a quien no se le paga, y si se le paga …a quien ...

07:01 am suena la alarma del despertador, ha sonado unos minutos más tarde de lo normal, pienso-maldita alarma nunca suena a la hora indicada-hubo un apagón anoche quizás; salto de la cama como un soldado que va a la guerra …

Que mala onda José, que jodida…
No esquives tu hombría de mi ser
átame despacio a tu silueta,
apriétame con el calor de tus manos como brasas prendidas
A lo largo de los siglos, desde antes de la predominancia de los Iberos (nombre que se les da a los nativos a las orillas del Río Ebro), la zona de Emporio, colonia fenicio/griega enclavada en el Mediterráneo al norte de lo que se llamó Barcino, Badalona y hoy Barcelona, fue desde siempre, una zona muy independiente de lo que pasaba en España (Hispania Ulterior) al sur oeste y Francia al norte.