Me costó trabajo, en serio, me reventé el alma y dejé lo poco que quedaba de mí en el empeño, pero al fin lo conseguí, y después de arduas jornadas de mirar al cielo, logré capturar una nube…
Tuve una nube propia, la cual podía llamar mía, lo que es muy diferente a decir que yo fuese su propietario. Para dejar tal punto convenientemente aclarado, les cuento. Fabriqué primorosamente una jaula con barrotes de alambre, lívidos, fáciles de atravesar en caso de que mi nube quisiera marcharse, no le puse barreras, pero decoré esta jaula y mi habitación con todo el esmero que nunca había puesto en nada para hacer que el entorno fuera agradable a mi nube… porque quería que se quedara, que se sintiera cómoda en su nuevo hogar, que nunca me dejara solo.
Al principio resultó bien, y hasta puedo decir que llegué a pensar que mi nube se sentía cómoda con mis cuidados, mis atenciones, mis mimos, y yo me sentía tan feliz, de hecho de ser un ser humano acostumbrado a no tener nada, de pronto tenía una nube.
Claro, las nubes van impulsadas y son transportadas por el viento, a veces vuelven, y no le hacen casi al movimiento de rotación de la tierra, y a veces se me escapaba, y la perdía de vista…
Y otras veces era peor, porque estallaba en nube de lluvia, de tormenta, con descargas eléctricas y saltaba de lado a lado de mi cuarto, y yo asustado, solo me cubría del aguacero y trataba de decirle palabras bajitas y susurradas como para apaciguarla, para calmarla…un poquito…aunque sea…
Y luego vinieron las ausencias, se marchaba mi nube de su jaula y me dejaba solo, días enteros, y yo me quedaba viendo la jaula vacía, mirando el cielo, pintando paredes de celeste para que cuando volviera sintiera que era su propio cielo.
Pero cuando regresaba siempre era nube de tormenta eléctrica, en sus breves visitas, siempre había aluvión, aludes, inundación.
Hasta que un día se fue y no volvió mas…
Desde entonces, estoy aquí, con mi mirada boba clavada en el cielo, esperando el momento en que mi nube, por fin…
Ponga sus pies sobre la tierra.
Brasil era una naciente potencia futbolística de América Latina, de segundo orden, detrás de Argentina y Uruguay, pero con un auge de la industria cafetalera tan grande, que prometió construir “el estadio más grande del mundo” (Maracaná 200 000 espectadores) y que con esa promesa logró fácilmente la sede del primer Mundial de Post Guerra.
Claro, era una época de escuela primaria salesiana, donde el Real Madrid y el Barcelona ya existían, pero solo nos enterábamos que pasaba con esos equipos por un anuncio ínfimo en el periódico de los lunes …*

Ya me pasé la madrugada pensándote, reviviendo tus besos en mi piel, ya me pasé un buen rato cerrando mis ojos y encontrando la imagen perfecta , de ti en mí. Y yo en ti.
Tu mi hombre real de sueños húmedos. Sol cálido de mis días fríos y realidades de fantasía interminables.