Cada vez se van enredando más y más, unas caricias que lento han ido perdiendo el camino, para llegar a su destino final.
Se van enredando entre sueños que resultan aveces pesadillas, de esas que te sacuden el piso , cuando menos lo esperas.
Las caricias te reclaman a ti, pero en el bosque de lo imposible parece que ya no existes , pareces perdido o de pronto ya estas congelado ; sin embargo yo quedé atrapada en el laberinto de tus besos y aun te pienso
Y hasta puedo decir que yo entiendo e intento olvidarte,
Lo malo es el pensamiento, ese que se cruza sin aviso, ni permiso previo, y me aniquila la ruta planeada para yo guardarte también en mi caja del olvido.
Y es que ahí , es cuando aparece mi pensamiento insistente, que me repite :
Que tú, has sido el único, con el que si se puede tanto y todo a cambio de nada.
Me recuerda que eres mi refugio seguro, el único donde quiero aterrizar caricias, que en el tiempo se acumulan y guardan para el mejor amante.
Porque la complicidad y la necesidad de un par de besos que me descongelen los labios de la realidad absurda , no se improvisan con nadie.
Y a veces me provoca sentirte en mi, una vez más, y el deseo es peor aun si te pienso un poco más.
Cuando te pienso, la piel se despierta, los deseos se arrebatan , las corrientes son intensas ,y empiezan a fluir con algo de desesperación, y pensarte tan solo pensarte así en la calma ,ya casi perdida en mi mundo, me hace sentir que siempre serás tu.
Al que pienso y pensaré.

Ansiando perderme en una de esas entregas donde , el después queda en puntos suspensivos.
Cuando te pienso, en el silencio largo de esto que llamamos distancia ,
A pesar de no entender mucho lo que pasa en mi , se que
Pensar en ti, sigue siendo un placer, de esos que me repetiré siempre, cuando los vacíos se acomodan en el tiempo.
Tal vez decirte cuanto te pienso, cuando te pienso ,es una breve expresión , para decir cuanto te quiero...en mi una vez más!
Samuel, veterano albañil, maestro de obras, agarró un muy buen trabajo, el 50% de anticipo para realizar todo el cambio de un piso cerámico y repello de un muro en un edificio de clínicas de un Doctor, amigo de un amigo de un amigo que lo recomendó.
Jacobo G. vivía solo. Trabajaba desde las ocho de la mañana hasta la medianoche, en el área de limpieza de un periódico, sueldo miserable y recompensas peores.
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—English? Inglés?— balbuceó Julián el Diestro, ante el enorme y muy europeo visitante, recién desembarcado en Comalapa, a plenas diez de la noche, para quien lo habían contratado de traductor de francés, idioma que dominaba a la perfección, tras estudiar 6 años en La Sorbona.