
Para Iris:
Iris, dichosos los ojos que la ven, usted me ve y sabe que soy un ser transparente, por lo chele digamos… Hace tiempo que quiero hacer contacto con usted, desde aquel día que la conocí en Ojojona, Honduras … recuerda?
A Facundo Cabral, genio de la palabra si alguna vez los hubo, le preguntaron alguna vez, a que le tenía miedo …

Por razones no antojadizas, plomizas, se particulariza, necesito nodriza, no se moderniza, se obstaculiza, paraliza, polariza, dogmatiza, desvaloriza, mimetiza, cualquier movimiento que tienda a la acción …
Tenía que portarme muy muy bien, buscando un regalo para mi esposa, ya que se acercaba su cumpleaños …

Que sensación más insoportablemente desesperante, porque pasa, sucede, es un hecho, usted va manejando o en un carro de pasajero en las interminables trabazones de San Salvador y zas!!
Leticio vivía desde hacía diez años con su esposa, a la que amaba con la misma intensidad que el primer día, o quizás todavía más, y con su suegra … a la que aborrecía también con la misma intensidad con la que la había venido aborreciendo todos esos años, o incluso más.

“Nadie sabe lo que sufrimos los que nos vamos al espacio, hay mucho ruido y cohetes, pero mientras nuestros cuerpos se elevan a oh! Tan crispadas elevaciones, quedan en Tierra nuestros corazones” … así comienza a borronear previo a su vuelo a Ganímedes nuestro astronauta Apolo Apulo ….

Para Rocío (también pudo haber sido Brisa, pero Rocío está mejor):

- Sabés que no soporto de ustedes los hombres ? – me tiró a la cara con actitud de sentencia una buena amiga – no soporto que se “acomoden” en público …delante de nosotras …
