El amanecer del tercer día de la creación,
debió ser algo muy parecido a éste …
Abro mi ventana al dolor
de saber que ya no eres mía
y además de llevarte mi vida
también te has llevado el color ..
Todo es gris, gris un automóvil, gris un perro,
gris el arcoíris, gris la flor …
un macizo gris informe, carente de masa
sin trazo ni traza …
sin norte, sin horizonte …
Abro mi ventana al dolor
de saber que ya no eres mía
y además de llevarte mi vida
también te has llevado las formas
toda la ciudad es una planicie
chata superficie
como mi ánimo sin relieves
como mi vida sin quiebres
como mi presupuesto en día veintinueve
como mi aspecto que no conmueve
como mi tierra sobre la que no llueve
como mi sonrisa que no aparece ....
“No mueras por mi …”
– me dijiste cuando te ofrecí dar la vida por ti –
“No mueras por mi …”
– me dijiste al cerrar la puerta –
“No mueras por mi
que no vale la pena
Te sobran razones para vivir
vencer
o sobremorir
… ni siquiera llores por mí”
Y partiste en busca de algo, alguien, alguno
qué se yo
del catálogo de opciones
que yo no supe darte
que yo no pude proveerte …
El amanecer del tercer día de la creación,
debió ser algo muy parecido a éste …
Se vienen las semifinales del Fútbol Nacional (si señor, así con mayúsculas, para usted que no vive, no respira, si un fin de semana no ve al Real Madrid, a la Juventus y al Bayern Munich en fila, pero no tiene la más mínima idea donde queda Jocoro), y eso es asunto delicado …

Un día de estos, revisando entre tantos libros de biografía que tengo, y que he releído tantas veces, me encontré con una biografía de Walter Lippman, conocido comunicador y filósofo, donde un párrafo me causó enorme preocupación:
A Usted
la tengo amarrada a mis anhelos
a mis ganas de sentir
a mi imperante, insustituible, indispensable, caótica y urgente
necesidad de una mínima muestra de afecto ...