Por una vez dame de beber,
la última gota de vida y placer
antes de morir entra a mi piel.
Vibra con tu sonrisa…
Imprégname de una vez
los besos más deseados,
las caricias más plenas,
deseos deliciosos,
tu lujuria y tú ser.
Muérdeme los labios, bésame…
Aprieta mi cintura, mis senos también,
desliza tus manos temblorosas por toda mi piel,
roza con tu lengua espacios ardientes,
los que solo tú puedes ver.
Deja tu sexo extenderse,
en la oscuridad plena de mi vientre,
manteniendo esa llama creciente,
brotando como fuerza ardiente,
a pulso de besos y caricias impacientes.
No olvides mis miedos,
virginal morada de tus deseos,
cuenca pacífica de tus besos,
obstáculo perfecto para llegar a venus,
monte eterno de tu infinita pasión,
premio Nobel de tu ilusión.
07:26 am suena la alarma del despertador, esta ha sonado unos minutos más tarde de lo normal, -¡!maldita alarma¡! nunca suena a la hora indicada-hubo un apagón anoche quizás; saltó de la cama como un soldado que va a la guerra, tomó una ducha rápida, me visto, no hay tiempo para combinar camisa, pantalón y corbata, salgo despavorido para el trabajo, a dos cuadras la mente me juega una mala pasada, las neuronas me recuerdan que he olvidado mi teléfono celular, -¡!maldita sea¡!-digo en mis adentros, regreso por él, llego a la parada del autobús y éste ya ha partido, no me queda más que esperar el siguiente.

“El Hombre es un animal de costumbres”. Charles Dickens.
“El hombre es un animal de costumbres, o será que de costumbre es un animal?” Mafalda (Quino).
Obviamente, soy católico practicante, no creo en la reencarnación, pero fíjense que después de escuchar tantas tonterías de “celebridades” al respecto, he sacado mis propias conclusiones, solo para divertirme.